Diario de una emprendedora (Parte I) – Los inicios

Después de recibir unos cuantos emails preguntándome sobre el mundo del emprendedor he decidido hablaros sobre mi experiencia de por qué decidí emprender y con ello me gustaría ayudaros en el camino si tenéis pensado convertiros en emprendedores.

No soy ninguna experta, de echo estoy bastante verde aún, pero creo que quizás mi experiencia pueda ayudar a alguien que esté empezando. No es un camino fácil, se presentan muchas dudas y miedos, pero si tienes ilusión y ganas y continúas adelante verás los frutos. Y lo mejor de todo es cuando encuentras a gente que te escucha y te ayuda sin reservas (Gracias Ga, eres un amor), porque muchas veces parece que si preguntas es porque quieres copiar y lo que simplemente quieres es tener una guía, algo que te ayude a empezar.

Os iré contando poco a poco, porque si lo hago de golpe esto va a ser peor que el Quijote y no quiero aburriros, además tengo que seguir enseñandoos los nuevos modelos de Eband 😉

¿Os parece si comenzamos? Mientras escribo escucho Elysium de Jo Blakenburg, podéis escucharlo vosotros también.

Mi historia empieza hace ya unos cuantos años, cuando cansada de tener un trabajo en el que no tenía tiempo para mí ni para mi familia y en el que no me sentía realizada, me decidí a dejarlo para prepararme unas oposiciones. Era la única manera que veía para poder conciliar vida familiar y laboral. Para poder estar junto a los míos y no perderme ni una sonrisa. Justo un año después, cuando ya estaba preparada y me había estudiado media carrera de derecho, el gobierno decidió que congelaba la oferta de empleo público y en mi cabeza sólo sonaba esas palabras que todos hemos pensado o dicho alguna vez “qué mala suerte” 😦

Pero no me di por vencida, así que seguí estudiando, un mes, dos meses, 6 meses… Era desesperante, sin saber cuándo volverían a convocar la oferta de empleo público, sin poder aportar un sueldo a mi casa, sin hacer nada más que estudiar y repasar una y otra vez lo mismo. Así me pasé la friolera de tres años. Aún hoy no sé cómo aguanté tanto.

En ese punto decidí que si iba a seguir estudiando para prepararme mejor y tener un mejor trabajo que mejor que volver a la universidad, estudiaría Historia, que siempre me había apasionado. Así que, cogí mi ilusión y me matriculé.

No quiero ser cruel pero cuando entré en aquella clase, masificada y veía a aquellos niños y niñas (porque sí son niños y niñas, de 18 o 20 pero niños al fin y al cabo) y veía su comportamiento, gritos, carreras, faltas de educación… Buf, yo no era así cuando estaba en la uni y me preguntaba “¿Dios qué hago aquí?”.

Pero mis ganas de estudiar esa carrera eran más grandes que la aversión que me causaba estar allí, al fin y al cabo que más me daba.

Pero después de llevar tres meses de clase, un día de noviembre en plena clase de Geografía me empecé a encontrar mal. Empecé a sentir que por los brazos me subía un calor horrible hacía la cabeza y tenía la sensación de que me iba a desplomar. Pensé que era una bajada de tensión, tengo la tensión baja y no es extraño que me hubiera dado. Así que ni corta ni perezosa saqué un huesito y me lo comí en plena clase, el profesor me iba a matar con la mirada.

En fin, que terminé de comerme el huesito y pensé, listo. Pues no, volvió a repetirse otra vez, así que salí de la clase y me fui al baño. Otra vez. Uf, esto no es muy normal, así que me empecé a preocupar. Cogí mis bártulos y me fui a mi coche. No sé cómo llegue la verdad.

Una vez ahí sentía que algo no iba bien, mi cuerpo no estaba bien. Llamé a mi marido y le dije que viniera a recogerme, que viniera rápido.

Unos diez minutos después llegó y sin hacerme caso (yo quería venirme a mi casa) me llevó al hospital. Puede decirse que no tenía muy buena pinta. Y estando en la sala de espera de urgencias las cosas empezaron a ir peor. Empecé a notar como los músculos de un brazo se ponían rígidos.

Dios mío, pensaba que me iba a morir o peor aún ¡¡¡que me estaba quedando paralizada!!! Y aquello ya no sólo fue en un brazo, el otro se puso también rígido, y empecé a gritar que qué me estaba pasando.

Cuando el médico me vio me llevaron a la única sala que quedaba libre que era la sala de yesos y me tumbaron en la camilla, para ese momento yo estaba rígida desde la boca hasta los pies. Y lo peor de todo, estaba aterrorizada.

En ese momento el médico me dio un grito y me dijo que tenía que empezar a respirar tranquilamente, que si seguía hiperventilando iba a perder el conocimiento y así no podrían hacer nada.

Me dieron medicación y empecé a respirar más tranquilamente, inspirando profundamente y exhalando… Una vez, otra vez… La cabeza me iba a reventar. Suero, análisis, comprobación de oxigenación… Diagnostico: “Ataque de ansiedad de libro”. Había estado hiperventilando demasiado y los músculos no habían podido oxigenarse.

Pues sí, un ataque de ansiedad por culpa del estrés, del miedo, de la incertidumbre, del sentir que no aportaba nada en mi casa, de no saber hacía dónde ir…

De eso hace ya dos o tres años, no lo sé muy bien. Me pusieron un tratamiento y recaí. Hicimos un viaje todos los amigos en el que me sentí la kk más grande del mundo y no pude disfrutar en condiciones, una experiencia que no pude vivir plenamente (aún se me saltan las lágrimas cuando me acuerdo).

El tiempo pasaba a mi lado y no tenía ganas de nada. Todo me parecía absurdo. ¿Por qué hago esto? ¿Para qué?

bailarina

Pero un día toqué fondo y gracias a mi madre y mi marido que son los que lo han vivido de cerca resurgí. Si, esa es la palabra, aquel día decidí que aunque me siguen dando mini-ataques de ansiedad, aunque sigo sintiendo esa sensación de despersonalización, no iba a perder ni un solo momento de la vida que tenía. No iba a dejar pasar ni un solo momento de felicidad.

Fue en ese momento cuando tomé las riendas de mi vida. Junto con unos amigos fundamos una empresa, pero aún así sentía que necesitaba algo mío, algo que yo hubiera creado y me lancé a crear mi propia marca y a ser la dueña de mi futuro. Decidí hacerme emprendedora.

Eband nace con amor y muchas ilusiones, investigando mucho, invirtiendo tiempo y trabajando duro. No hay nada que con pasión no se pueda conseguir.

esfuerzo

Es muy duro, hay días en los que te levantas y estás llena de dudas, no tienes emails, no hay ventas… Pero hay otros, en los que te encuentras con comentarios maravillosos, con gente maravillosa que se presta a ayudarte, que te anima y te dice lo mucho que le gusta lo que haces. Que tu idea es genial y la apoyan.

Y son esos días los que borran a los otros. Y te sientes invencible. Llena de felicidad y alegría. Es como si hubieras ganado un grand slam.

triunfo

Sé que es un post enorme, gigantesco, pero tenía que poneros en antecedentes de por qué me decidí a ser autónoma. A partir de aquí intentaré ayudaros con mi experiencia, que mucha o poca, os iré contando y ayudando en lo que pueda.

Con lo que os he contado no pretendo dar pena ni nada de eso, lo que pretendo es deciros que se puede conseguir cualquier cosa y que espero que mi experiencia os ayude y que si tenéis intención de emprender lo hagáis sin miedo.

Gracias por quedaros hasta el final y recordad… TODO ES POSIBLE 🙂

todoesposible

Todas las imágenes están sacadas de Pinterest

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